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Wuwei

LA NO-ACCIÓN: RENDIRSE ES CONQUISTAR

El Tao nunca actúa; y, aún así, nada queda por hacer. Tao Te Ching, XXXVII

Al aprender la senda de la no-acción, el wu-wei, nada queda por hacer y todo se concluye. En apariencia, esto parece una contradicción. ¿Cómo podemos completar algo sin hacer nada para lograrlo? Si indagamos un poco más en le significado del término "no acción", veremos que existen alternativas creativas para convertir nuestros esfuerzos en realidades.

La no-acción no significa que la gente deba, literalmente, no hacer nada. La no-acción implica no emprender acción alguna que vaya en contra de la naturaleza. No nadar contra corriente, sino a su favor. De este modo, recorreremos grandes distancias sin esfuerzo. Por ejemplo, los socorristas recomiendan que, si quedamos atrapados por una corriente marítima, nademos siempre hacia la orilla sirviéndonos del impulso de las olas, y nunca en contra de su reflujo. Lo esencial al actuar es sintonizar con la naturaleza de lo que se está haciendo. En vez de esforzarnos para lograr que algo ocurra, debemos tomar conciencia de lo que realmente está sucediendo. Fundamentalmente, se trata de observar las fuerzas en acción, descubrir las tendencias que rigen cada situación; no luchar contra dichas fuerzas, sino usarlas sabiamente. Al aliarnos con las tendencias que marcan lo que está a punto de suceder, tomamos el control de la acción y la conducimos con naturalidad. La inacción exige una fe profunda en los instintos naturales. Los impulsos y los instintos inherentes al ser humano; cuando permitimos que se desarrollen por sí mismos, tendemos a actualizar su potencial. Si nos mantenemos en sintonía con nuestra verdadera naturaleza, las cosas saldrán como es debido.

Los taoístas fueron grandes precursores de la prevención. Si se toman medidas cuando los problemas son aún pequeños y manejables, el esfuerzo será mucho menor. Si, por el contrario, se espera a que las cosas se compliquen, el conflicto será mucho más difícil de resolver. Hay que minimizar la acción haciendo sin hacer; poner el empeño en lo fundamental, en la acción misma, no en los detalles o los flecos. Derrochamos mucho esfuerzo en las cosas que circundan la acción, como los adornos, las apariencias, los preparativos o incluso lo que opinarán los demás. De este modo se resta energía para el objetivo real y, en consecuencia, el resultado final es menos propicio.

El Wu-wei de la psique

El mundo contemporáneo fomenta el desarrollo de la inteligencia consciente, ignorando muchas veces la mente inconsciente. Cuando vamos demasiado lejos, creamos un desequilibrio; demasiado Yang sin el suficiente Yin. Cuando ponemos todo el peso sobre la mente consciente, aparecen toda clase de problemas. Carl Jung lo reconoció así cuando dijo: "Sea como sea, el caso es que una conciencia que se sustente en la inevitable parcialidad se aleja tanto de las imágenes primordiales que se acaba produciendo un colapso".

Las consultas de los psicólogos están llenas de pacientes que han rechazado una parte de su personalidad en beneficio de la otra. Es muy frecuente que se produzca la llamada "depresión de la mitad de la vida". A veces, los que parecen tener más éxito y disciplina son los que más sufren ansiedad, aburrimiento o insatisfacción. Las personas deberían aceptarse plenamente, incluida su mente inconciente y soñadora. Nos expresamos como individuos tanto en nuestros pensamientos y sentimientos conscientes como en nuestros sueños que están más allá del umbral de la conciencia. La interrelación del Yin y el Yang debe ser libre para que nuestro ser pueda expresarse de modo natural.

La salud mental exige que dejemos que nuestra psique sea tal como es. Cuando eso sucede, la falta de armonía interior se disuelva. Dejamos de librar batallas internas en las que una parte de nuestra personalidad combate la otra.



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